24 01 2024

Mi brújula suele estar apuntada al sur, yo me subía a la azotea de la casa de mis padres en Polo y miraba hacia, donde suponía, se encontraba el sur. Nunca estuve equivocada, descubrí luego, con brújulas de imanes y luego el celular… Pero también ha girado hacia el norte como guía y ahora mi antena capta esas señales.

Regreso de otra temporada en Chihuahua. Frío, lluvia, vientos helados que de pronto no son tan diferentes a los de Polo, y un mediodía generoso. El mediodía me causa optimismo, descubro. El día ya ha tenido su signo y puede cambiarlo o no.

Estuve las mañanas sola, haciéndolas a mi medida. Conseguí un libro desde el futuro en el pasado, cuando volví a mi casa (El aire y los sueños, de Gastón Bachelard, que mi papá encontró en nuestro hotelucho de Madrid, me dijo “ten”, y yo guardé sin fijarme en el título sino tan sólo en el hecho de que jamás había leído a Bachelard, y sentía una “deuda cultural”). Me hice de otro que me herirá (Diario del Dolor, de María Luisa Puga)…

De regreso, el polvo que entró por las ventanas abiertas de pronto, con mosquitero -o, encuentro con horror, sin él- dejaron entrar el polvo a mansalva, el Ventorrillo, esto; recordadlo, y ahora me entero que esos dos remolinos en la cupulita que cubre al pueblo le dan una excelente calidad de aire. Nadie necesita moverse, nadie necesita planear más allá de los mimos son mimos, pero a la vez qué bueno es planear.

Mi papá rentó Éxodo, la hiperlarguísima peli de 1960 que, le dije, resulta interesante, contrastante, propagandística a tantos años de distancia, un judío con el físico de Paul Newman (no, nadie más hermoso se ha aparecido ante nuestra retina), pero: guión de Dalton Trumbo y no me vas a decir que ese señor no sabía UNA O DOS O TRES O CUATRO MIL COSAS.

Desvarío. Noté que estaba teniendo ganas de escribir más tuits luego de descoserme en un rapto de cursilería nombrando las arrobas de mis amigas que he conocido por la vida cuyas mentes me resultan fascinantes, en las que me encuentro. Pero igual está bien lo cursi, entre tanta podredumbre.

ME ENCONTRÉ UNAS SÁBANAS ENSANGRENTADAS en un tambo en una calle de la colonia de mi novio, mientras paseaba a su perro Jackcito, que se interesó mucho por el olor. Visión siniestra.

Pero también: nuestra casa, nuestras conversaciones largas, emotivas, intelectuales, mundanas; nuestro paseo donde unos gen-z nos llamaron ASTERIK (omg la validación de la juventud es una poderosa droga); que me encontré el Banjo Kazooie por serendipia, porque en el monopolio de videojuegos de la frikiplaza nos medio ilusionó un muchacho nacido en 2005 que, con un acento fuertote, nos dijo, envejeciéndonos: “ah, nunca jugué en esa consola” (el Nintendo 64, que, francamente, diré que es la única mía, el Banjo en específico, y que nunca logré terminar, lo cual puede dar una idea del tamaño de mi trauma personal como gamer, o lo que sea; yo sólo me develaba viendo a mis hermanos jugar y luego agarraba sus consolas cuando estaban en la escuela o salían, y era muy mala, me temblaban las manos, etc.).

Azoteas, perritos, murmullo de una ciudad, etc.

No lo estoy soportando con entereza.

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28 de marzo de 2024

Tres meses después. Mi papá ha empeorado. Ya no se interesa por nada. Apenas puede moverse. Le he dado de comer en la boca, a él que me daba a mí el huevo revuelto en una cuchara cuando era niña, ahí viene el avioncito. Mi madre dijo: “Cómo volvemos a ser niños”.

Es avasallador.

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20 de abril

¿Por qué te quedaste detenido? El mundo avanza con su indiferencia, como supo ver Borges, y tú no estás más.

Ya no quiero salir, y a la vez ahora quiero salir más, irme. Un día me dijiste, cuando volví a Polo, que no iba a aguantar, “tú no te puedes quedar quieta”, eso de la quietud o no como mi signo. J una vez, cuando lo conoció por primera vez, cuando él llegó a nuestro departamento y preguntó, entre inocente y no, por qué sólo teníamos una cama, dijo, por las aventuras que nos contó, que “tu papá es un vago”.

A mi nueva J le dijo, lo primero que le dijo fue que el único estado que no conocía de México era Chihuahua. Se quedó sin conocerlo, pero allá se habla de él y se le piensa. Y de qué sirve.

Creía que me ibas a durar para siempre. ¿Qué creía? ¿Qué creía cuando me molestaba allá, en el lugar mágico que siempre quisiste conocer, y me interpuse entre el lugar y tu experiencia?

No importa. Nos pedimos perdón. Antes del diagnóstico, antes de la amenaza, de la muerte pendiendo como espada de Damocles. Pero tengo imágenes en la retina que no logro hacer a un lado, y la paso en la duermevela, prefiero sedarme para dormir en negros, y cuando estoy despierta me agarro de alguien para hablar de lo que sea. Porque vino el novenario con su rigidez y las responsabilidades para nosotros que llevaba consigo; sólo me perdí uno, de una tarde que me vine a casa y me quedé dormida, mi J me llamó a las 6, a las 6:05, a las 6:10, y así hasta las siete y media; cuando abrí los ojos con el corazón oprimido decidí que ya era muy tarde para ir. Necesitaba estar en silencio entre mis objetos, con mis gatos, con mi Mauricio que ha sido un soldado, mi enfermerito como yo le digo, y no me ha dejado sola.

Última película que vio: An affair to remember, siempre me la recomendaba, incluso me dio el DVD, una tarde por fin la vimos, lloramos a lágrima abierta, como era nuestra costumbre, y apenas hasta ahora hilo cabos sobre por qué le enternecía tanto la situación de conocer a alguien, tu compañera, que necesariamente deshará la relación anterior. Y el final agridulce, de un triste sereno y hasta tonto, if you can paint I can walk!

Yo sé que le puso atención porque hasta jaló la mesa del hospital, donde estaba la computadora, para ver más de cerca. Con ver a su Cary Grant consentido, y a una Deborah Kerr que yo no conocía tan tierna, tan: claro, desharía mi compromiso por ti.

Último libro que entró a su mente: El Quijote, su favorito. Le leí unos pasajes, los actué, él escuchó, hasta que su mano se levantó y musitó YA. Ya, suficiente, no podía escuchar tanto, mi voz no es particularmente una caricia de seda.

Fragmento de mi libro que tendré que cambiar a pasado, o no, laputamierda: “se compara, avergonzado, con el Quijote”.

Última canción que escuchó, espero: “El maestro” de mis Babasónicos, “tú me enseñaste a ver a través, tú me enseñaste a ver, a ver quién soy”.

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25 de abril por la madrugada

Hoy -día 24- dicen que la luna está espectacular pero no tengo ganas de salir a mirarla. Hoy estaba en la barra de mi cocina y lancé un alarido.

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20 de mayo

Sigo muy mal. Me estoy levantando a las 6 de la mañana diariamente, no sé para qué. Si al menos me fuera a correr, pero tengo una fascitis tremenda tal vez por pasarme todo el día sentada. Los domingos son los peores. Esas horas cercanas a la hora en que dejó de existir, en que yo dejé de existir con él. Ya no soy la que era, nunca más podré serlo.

Quiero dejar de llorar. No quiero dejar de extrañarte, de tenerte en mi memoria. Pero ya no puedo más, es como si las lágrimas dañaran mi cuerpo. Intento distraerme pero nada o muy poco me funciona. Ayer veía el Analizando Humanos en Londres y lo primero que pensé, una punzada, fue mostrárselo. De qué me sirve tener recuerdos en común si ahora sólo son míos.

Cómo sufrí los últimos meses. Nada va a borrar eso. Ese saber en dónde terminaría todo, y cómo aguantó mi valiente padre. Sufro por mi madre porque adivino su dolor, que yo sé que es más grande que el nuestro, es diferente. Era su compañero de toda la vida. Yo tuve el lujo de conocerlo mucho menos tiempo.

Tú me enseñaste a ver, a ver quién soy…

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