Acerca de Lilián

otraisla@gmail.com

Sábado 23 hrs.

Viajé en una época en la que se podía, escribí en el otro cuaderno. Pensaba en los últimos viajes, incluido aquel que se extendió por varios años, y en el culto a la juventud, el culto que yo rendí. He mirado cosas que están perdidas pero lo que sentí no ha desaparecido como lágrimas bajo la lluvia. Hace rato caía el sol aquí y yo escribía. Pasó un video con personas jóvenes viajando en un automóvil por Los Ángeles, y pensé en Triquis y en Leo y en mí misma rodando por esas autopistas, y en noches montevideanas con amigxs fugaces, y pensé en bailar, en lo mucho que me gustaba, casi cada ocho días o cada dos semanas en Buenos Aires, en boliches que eran refugios después, o en sitios extraños, casas, barracas, laberintos. La ciudad de los laberintos. Nunca estuve tan abajo como allá, nunca me sentí tan miserable como en madrugadas vagando sin rumbo, nunca caminé tanto una ciudad; ahora pienso que es algo que no volverá, que ya no haré nunca más: caminar sola de noche, a todas horas, a la una de la mañana saliendo de alguno de mis cines predilectos rumbo a casa; a las cuatro o cinco de la mañana al abandonar, tambaleándome, boliches o espacios mencionados; a la hora del amanecer, por razones variopintas y sí, algunas sexuales. Creo que antes tenía menos miedo o era más inocente o más estúpida, ahora ya no quiero exponerme, ya no quiero tentar la suerte, tomar trenes y taxis y autobuses y andar caminos.

De un tiempo a esta parte me había entrado la sensación de que viajar había sido una pérdida de tiempo y de recursos, de que me había estancado en mi vida porque le había dedicado todas mis fuerzas y ahorros a esa actividad; pero ahora creo que viajé en una época en la que se podía, en la que se hacía sin que la conciencia de lo contaminante fuera suficiente para detener la pulsión de salir al mundo. Y no es que el mundo se haya cerrado como una concha y nunca más me aventure fuera de la frontera, es que será distinto y menos atrabancado y menos audaz y menos impulsivo, en todas las ciudades en las que estuve le rendí culto a mi propia juventud, me entregué a los placeres de la carne joven, a los privilegios del tener un cuerpo joven, y ahora lo veo distante, perteneciente a una época casi clausurada, me aferraré a ese casi todo lo que pueda.

QQQ II

Continúo acá el archivo de todo lo relacionado con Quisiera Quedarme Quieta. Toda lectura la agradezco profundamente y, ay, dejadme guardar lo más significativo.

Una emoción total. Lauren Cockney en el magnífico Leyendo Latam blog ha incluido a QQQ en algunos de sus listados, cada aparición eleva mi alma, y también escribió una excelente reseña que atesoro:

And just as Camberos’ prose is keenly observed, her stories are marked by an enduring sense of observing and being observed from afar. In ‘El lado del mal’, Verónica looks at herself in the mirror but fails to recognise her own gaze; in ‘Acapulco’, the protagonist suspects she’s been watched, only to discover that – years prior – she was the one doing the watching; in ‘La planta’, which hinges on a woman obsessively observing a plant, Camberos opens with “hay una presencia aquí que no estaba antes de la planta.” [“There’s a presence here that didn’t exist before the plant.”]

Review

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Una entrevista con mi amada Jessica Jaramillo para el también amado portal La Zona Sucia, de Monterrey, Nuevo León (detrás de esa conversación está la amistad y la pequeña familia que formamos en Buenos Aires).

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En Gatopardo, El pensamiento no puede ser confinado: Los diez mejores libros del 2020

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Josué Tello Torres consignó en Efecto Antabus sus lecturas de 2020. Dice que fue un año en que la conciencia de la labor editorial tomó la pauta de su vida lectora. Es un tema que me emociona muchísimo, sospecho o sé a quién le presté aquel libro de Constantino Bértolo, La cena de los notables, en la edición de Mardulce. ¡Devolvédmelo! Pues esos temas agilizan esta interesante lista de lectura, con libros bastante buenos de 2020. Por eso me parece de igual excelencia la mención a las y los editores detrás de cada libro, un ejercicio de lectura de lo más atento. De mi lado, sin más: el libro ha podido ser gracias a Nicolás Cuéllar y a Lucía Treviño.

Escribe:

Los seis relatos de Camberos me hicieron recordar una frase del escritor argentino Rodrigo Fresán, que va sobre libros con cuentos y libros de cuentos, a esta última categoría pertenece Camberos porque sus narraciones se entrelazan, encuentran puntos en común o nos ayudan a comprender diferentes espacios del universo narrativo en Quisiera quedarme quieta: los lenguajes, el cuerpo y el viaje, que en ocasiones toman como punto de partida lo onírico, los recuerdos, el tránsito, los espacios o la violencia. Un libro inagotable.

Mi amada Alaíde Ventura Mendoza recomendó QQQ en las lecturas favoritas de plumas destacadas de Sin Embargo MX, entre las que desde luego está ella, con estas palabras bellísimas:

Qué tremenda cuentista es Camberos; admiro mucho su dominio del oficio, suma perfecta de forma, técnica y sensibilidad. Yo diría: una magia de equilibrista. El libro obliga a una lectura atenta para que se escuchen todas las voces y palpiten todas las exuberancias (calor, humedades, humores). Los reseñistas hablan de resistencia para referirse a su libro. Creo que estoy de acuerdo, si lo entiendo como una tensión permanente: las atmósferas se desbordan mientras que la voz apela a la contención, se agazapa y se evade finamente.

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En el podcast de México Lector se menciona QQQ, gracias a Gerry por la mención y los comentarios sinceros.

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Estuvimos en un sábado de septiembre en Partículas Elementales del Instituto Mexicano de la Radio con Elvis Liceaga. Platicamos de nuestro amor por el cuento como género y en verdad fue una bella charla entre cuentistas amantes de los cuentarios.

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En el listado de los 10 mejores libros del año de Enrique Saavedra en TimeOut.

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Esta bella reseña de Shoshana en Ya déjame leer.

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En Literal Magazine, en los mejores libros de 2020 de Lorea Canales.

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Algunas, pocas pero sustanciales reseñas en GoodReads.

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Lectura de textos y cartas en el Día de las Escritoras en la Biblioteca Nacional de México (1:45 aprox.)

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Y finalmente, la presentación del libro en la Feria del Libro de Guadalajara 2020, en la que me acompañaron Juan Pablo Villalobos y Mariana H.

28-01-21 // recuento de manía dic. 2020

Diciembre transcurrió en un parpadeo. A 200 kilómetros por hora. Por ahí del 10 de diciembre mi cerebro se sobrecalentó, empezó a salirme humito de las orejas. Pues sí, si la quieres, hay una explicación multifactorial. Las mezclas cerebrales se volcaron. Euforia, estrés y susto. Bueno. Estuve escombrando. Empecé escombrando mi espacio, luego el de mi madre, luego el de la casa Campo Real, lastimando mi cuerpo en el proceso. La manía, las llamadas, los incontables mensajes, y correos, y páginas furiosamente escritas a mano. La clasificación obsesiva, la organización del archivo. La purga. Hasta llegar a los actos sin registro, sin sedimento en mi memoria, que son los que más temo.

Ahora, tras gastarme todas mis sustancias del orden de lo bueno, ruedo cuesta abajo. Me entrego con suavidad a la melancolía, a la tristeza sin atenuantes. Todos mis planes grandilocuentes y mesiánicos se han hecho humo, nada. Si en diciembre no dormía, ahora me cuesta hasta socializar. Hice tratos con medio pueblo, acabé con una bici usada renovada, color verde, y objetos nuevos y reparados que no necesito. En números rojos, claro. Bloqueada en Twitter y pasada de largo por otras personas. Me acuerdo de las cosas que dije y escribí, y siento palpitaciones y arrepentimientos. A lo hecho, pecho. Mi rostro, cuando no duermo, adquiere un semblante tenebroso. Recuerdo momentos, recuerdo además muchos momentos felices, todos a prisa y en la antesala de otras cosas importantes por llevar a cabo. Escribirme en clave simbólica una vez más, consignando y organizándolo todo. Ah, y la violencia. El arrebato y la violencia.

Miro por la ventana mientras escribo este post, nuevamente dueña y señora de mi blog. He recuperado esto que es un proyecto y otra cosa muy cara para mí. Entonces, miro por la ventana: hay un tractor trabajando en el campo, pasa un coche solitario por la calle que antes no existía. Un silencio de pueblo. Estuve en D.F., la ciudad semivacía y más vivible, departamentos en renta y venta por todos lados, qué ganas de que me sobraran unos milloncitos. Pero la tinta negra se esparcía en el agua y decidí volver. Necesito permanecer en mi cueva, necesito una soledad inquebrantable.

 

x, 6:23

En el contrato, enunciado en nuestros respectivos discursos amorosos, estaba aquella cláusula o condición o futuro castigo, tras la disolución, del extrañamiento, el estallido de todos los puentes, el silencio sepulcral y la anulación del contacto; advertencia o amenaza que planeaba como un fantasma, claro, detrás de mi reticencia a terminar las cosas cuando debían terminarse, o por lo menos cuando en mí habían comenzado a morir (y siguen muriendo, lentamente, ya que es agonizante, débil, inconstante, tanto mi manera de amar como de extrañar), y no hasta gastar el amor que ella sentía, que a veces se sentía eterno, y que en los meses finales se limó tanto que lo sustituyó un algo desconocido. Vaya, esto se sabía, que debía aceptar sus condiciones, sus hábitos post-amorosos intransigentes, que en nuestro lustro de convivencia atestigüé y constaté; y tras las comprensibles o hasta esperadas recaídas de mi parte, de las llamadas lacrimosas y los intercambios de mails encendidos, tristes, algunos meses después, pasado el año, ¿pasados los dos años?, acepté o he aceptado el nuevo estatus de fantasma del pasado, de recuerdo sin voz, de fotos y documentos digitales borrados y alterados, de innombrable y eternamente ausente, hasta que ella así lo decida, cosa que espero, por varias razones que solo le diré entonces, cuando la tenga de frente, y entonces reparto anzuelos como éste, como estas entradas de blog que es como si dejara mi diario abierto para que lo lea, como hizo aquel domingo funesto, el domingo de agosto en que se murió Juan Gabriel, cómo lo vamos a olvidar; pero este diario, este blog, a diferencia del otro, lo escribo sin importarme quién lo lea, y bajo el principio del control de la exposición, que al fin y al cabo esa era mi advertencia, mi amonestación, mi amenaza, mi condición, mi castigo o represalia o venganza o traición, sobre todo eso, la famosa traición, tras enredarnos en nombre del amor: escribirte y reescribirte y que ya siempre fueras parte de mi escritura.

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7:54

Había pensado, y luego por eso pensé en Lili Anaz, en consultar el oráculo de las capturas de pantalla, OCP (eloraculo.com.ar), y entonces:

Y ahora, que he recordado esto, al verificar su web el OCP ha dicho:

 

tal vez no todo el internet agoniza.

QQQ

Guardaré aquí textos, videos y similares relacionados con Quisiera Quedarme Quieta:

El cuento «Acapulco» publicado como adelanto en Nexos.

Fragmento de «La Planta» en revista Levadura. 

Hablemos Escritoras podcast con Adriana Pacheco, episodio 158.

Conversación con Ana León para Noticias 22 Digital.

Entrevista con Cristina Liceaga en Escritoras Mexicanas.

Las notas de lectura de Roberto Cruz Arzábal.

Reseña de Ulises Hernández en Escritoras Mexicanas.

En Inventario podcast edición 40 FILOaxaca, Sylvia A. Zéleny e Isabel Díaz Alanís comentan QQQ y Quiltras de Arelis Uribe.

Entrevista con Ángel Soto en suplemento Laberinto.

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Nora de Imaginando Portadas imaginó dos bellas versiones de la portada:

Una conversación con Irma Gallo de La libreta de Irma por Instagram live.

Charla con Pao Gómez por Ig live en su sección «Chismito con mujeres increíbles».

LecturasNoDesasosiego con Lizbeth Hernández por Kaja Negra.

Charla con Alaíde Ventura en el espacio virtual de Traspatio librería.

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Entre los Libros de la Semana en Aristegui Noticias.

Entre las Tres obras literarias que llaman a la inspiración en Newsweek México.

Una nota sobre el catálogo de Dharma Books + Publishing en TimeOut México.

En el Viernes de Literatura de Sopitas, Elvis Liceaga habla a fondo de QQQ.

También con Elvis charlamos en su programa de Reactor, Partículas Elementales.

En el newsletter de Data Cívica, Mariana Orozco recomienda la lectura de QQQ, igual que este blog, donde se escribe «como en tercera dimensión, hablándole simultáneamente a tu yo, tu súper yo y a tu ello».

 

 

 

Publicado en .

Toda playlist es una playlist de amor

Pienso que yo viví mi vida. La he vivido lo mejor que he podido, y siempre procurando la experiencia. Me sumergí en High Fidelity por tercera vez. Quiero decir, me bebí a lo largo de unas semanas la tercera -eslavencida- versión de High Fidelity, el libro de Nick Hornby que disfruté enormemente, del que se hizo una película con John Cusack que disfruté enormemente. En la serie de televisión -un nuevo formato que le permite alargar el libro, y también separarse sin retorno de él-, la protagonista es Rob, una joven mujer bisexual, bella y un tanto disfuncional, melómana y esencialmente romántica (ingenua). Otra vez incurrí en la vulgaridad de leerme en ella, de encontrarme en su experiencia, la de una ruptura que no supura, que no sana, que infecta todo nuevo intento de tender un puente con otro ser humano. Y no tanto por un enamoramiento que persista, aunque al principio algo hay de eso, de ese dulce sufrimiento; sino por lo que queda después, esa playa vacía, esa corriente resacosa que lo único que arrastra es un recelo del amor. Una resistencia a sus cárceles. Es tan horrible enamorarse, convivir y luego separarse. Drena tantas energías, ocupa un espacio tan grande en la vida. Es excesivo. Euforia y dolor, placer y hartazgo, felicidad y aburrimiento, posesión y violencia. Quién puede estar dispuesta a enfrentarse con eso una y otra vez, por qué alguien quisiera eso. Por qué consintiera tan fácilmente a prestarse a tal rebase nuevamente.

La playlist o el mixtape es una prueba de amor, un relato de construcción sonora. Toda playlist es una playlist de amor, deformando a Chris Kraus (every letter is a love letter). Rob amonesta: la playlist debe escucharse en orden. Eso ni siquiera debiera ser aclarado. Debe escucharse en orden porque cuenta una historia.

Estás tú, yo, nosotras. 80% nosotras, 20% yo, solamente yo, porque igual que tú viví mi propia relación contigo. Reconocerás la historia y la estructura de mi digresión, por qué esa canción post-ruptura, con aquel arrepentimiento resignado de la culpable, que constata cuán poco cala ya, en la otra persona, aquel amor desaforado. Después las gozosas etapas del enamoramiento, el sexo y el embelesamiento; el asentamiento de la relación y su erosión, el violento final. El desgarrado final. Pero entre aquello está lo mío, mi mundo privado, aquel que nunca te compartí, que siempre he resguardado y no reservo para nadie salvo para mí misma.

Me queda lo que me queda.

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(Cómo me gustaría decirte, como afirma Santiago Motorizado Barrionuevo en la canción última de esta carta amorosa –postamorosa– que ahora soy mejor, te juro soy mejor. Pero, si me detengo una vez más a pensarlo, no sé si eso es verdad.)

Des.

Desde el pueblo más lejano de acá, siguiéndote…

mdrgd 2:12

Algo muy extraño ocurre con mi blog.

Una plaga de posts hechizos ha terminado por expulsarme de aquí.

Cada noche limpio a mano la suciedad de los intrusos. Cada día amanecen más textos basura posteados en el blog. Research paper por sale. Going out with Japanese women. In some societies, marriage is certainly delayed till all debts are paid. If the wedding party happens sooner than all cash are created, the place is kept ambiguous. The bride really worth custom may have damaging results the moment younger males haven’t got the ways to marry. In strife-torn To the south Sudan, a large number of younger men steal cattle because of this, often risking their…

Conjeturo.

En 2012, cuando creé este blog como continuación e interrupción de La isla a mediodía (creado en 2005 como continuación e interrupción de otro, de url yaestarde.blog.com), me encontraba inmersa en dos relaciones románticas. Al centro de un triángulo amoroso. Al comienzo de una relación intensa y larga sin haber terminado del todo mi relación anterior, igualmente intensa y larga. No quiero decir que sostuviera las dos relaciones simultáneamente, que mantuviera el adulterio a toda regla; me refiero a otras cosas, aunque es probable que… Pero a quién le importan los detalles ahora. Ciertamente a ninguna de esas personas, a ese hombre y a esa mujer a quienes entregué mis años veinte…

Pues yo te entregué mis treinta así que quién está peor le revira Sadie a Leila en The bisexual, cuando la segunda incurre en un reclamo parecido.

Dado que ya no me aman ni yo los amo ya, todo es pasado, es El Pasado, como aquella novela de título perfecto y contenido dispar, aunque este pasado a veces no termine de pasar. PERO ESE NO ES EL TEMA. 

El tema es que en 2012 mudé muy pocas cosas a esta casa (¿esta casa?, esta casa-blog podría estar derrumbada, nuevamente escribo en el TextEdit en espera de recuperar lo que me pertenece) (¿lo que me pertenece?) y por algún error, o alguna decisión estúpida de entonces, sus contenidos quedaron alojados en el servidor de mi antiguo amante. 

Ah, parece que lo he recuperado de nuevo.

Debo mudarme. Me urge mudarme.

0:34

En una entrada de un diario de hace un año me pregunto dónde estaré en un año, «si estoy». Dónde estoy entonces es un sobreentendido. Luego apunto dónde estaba el año anterior en esas mismas fechas.

Esto no tiene nada de interesante pero la entrada anterior es desagradable y lastimosa a la vista.

«Seas quien seas, sé tú mismo»

Es muy extraño todo, no te diré que no.

Atravieso otro de esos momentos excesivos: las emociones excesivas, desde los dos polos, tiran de mí. En el centro, mi frágil cerebrito. Mi cuerpo adelgazado. Mis deseos interrumpidos.

Busco el silencio, lo busco insistentemente.

Presiento que podría romperme en cualquier momento. Mi mente, quiero decir. Quebrarse, malfuncionar, sacar humito, perderse en delirios al principio divertidos, grandilocuentes, después paranoicos, necesariamente perturbados.

Algunos de los posts hechizos de la crisis bloguil reciente:

Ciertos títulos y contenidos eran ciertamente violentos:

Stop reading this post to the end and go do that now…

That person who you are meet out there is not a robot. That person is an intelligent being and is not expecting you to tell him or her what to do.

If you have anxiety and depression you need a hard and good…

¿A hard and good QUÉ? ¿A HARD AND GOOD QUÉ?


Creo que en otro post no publicado apunté sobre perderse en otro cuerpo, lo necesario de perderse en otro cuerpo…


¿A HARD AND GOOD FUCK?

Publicidad tenebrosa en las navegaciones en modo incógnito.

Fantasmas CLXXX

Otra vez la casa se me llenó de intrusos.

ver. ver. ver. ver. etc.

¡HAY QUE IMPRIMIR! Hay que defenderse de esta tecnología traidora.

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Estoy mirando The bisexual, de Desiree Akhavan, a quien amo y con quien me identifico y en quien me proyecto y con la que me encuentro y de la que me separo. Las cosas que escribe, las experiencias a las que alude, a veces incluso su rostro, me rozan, me son familiares. Miro esta serie, que salió en 2018 y cuya existencia me había pasado de largo, y me río y me distraigo y recuerdo. Siento que la escribió para mí.

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Yo les creo

Publicado originalmente en el marco del espacio Inflexión en Kaja Negra.

 

En marzo de 2019, una ola golpeó el ecosistema cultural mexicano. Ahora, en medio de la pandemia, qué interés puede reclamar volver a esto. Pero debemos hacer un esfuerzo. Kaja Negra, las editoras y las autoras de estas reflexiones hacemos el esfuerzo, así quede como archivo [ver la intervención de Natalia Flores].

 

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Mientras me decido a terminar de redactar este texto, han pasado 67 días desde que inició el confinamiento masivo en México, o Jornada Nacional de Sana Distancia, el día 23 de marzo. Un año exacto después de la explosión en redes sociales de lo que dio en llamarse #MeToo mexicano [por los ecos del movimiento denominado #MeToo, surgido entre actrices y trabajadoras de la industria hollywoodense que denunciaron abusos, violencias y delitos de una gran cantidad de actores, directores, productores y otros pesos pesados del sector].

Aquella ola mexicana, aquella iteración de otros movimientos surgidos en espacios digitales, según la llama Ana G. González en su recuento de los hechos, inició con un tuit. Se trataba de una denuncia, un escrache, una llamada de atención, una exigencia a cerrar filas. En su reflexión de aquel momento, que urde las figuras de la marabunta, la falange y el caracol, Tessy Scholler Presburger argumenta que fijarle un origen al movimiento, a la manera de un «paciente cero», es un ejercicio poco productivo; en realidad, una de las preguntas más importantes pasa, forzosamente, por lo que movió a tantas mujeres a contar historias íntimas, a exponer la violencia en sus vidas.

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